Fui a la Bombonera el lunes que acaba de pasar, más caleta que Waldo para ganarme con la convocatoria para la que estoy, franca y lamentablemente, muy viejo... Y es que lo genial fue eso. Ver chibolos que la rompían o al menos tenían todas las ganas del mundo e iban con esperanzas reales, puras, basadas en el amor al deporte, a la camiseta, al Perú y su sueño sin nombre aún.
Toda la idea romántica de encontrar a un futuro hombre gol (idea de la cual ya he hablado y con la que sigo comulgando enteramente) necesitaba esta contraparte tangible. Vamos, no todos pueden tener los conocimientos o requerimientos tecnológicos mínimos como para subir su video o siquiera filmarlo. Así que al enterarme que se hacen convocatorias para no dejar a nadie fuera, supe que debía pronunciarme de alguna manera.
De eso se trata, de pasar del pasivismo pesimista al activismo optimista. Llegar a todos y que todos tengan la oportunidad. Porque no estamos hablando solamente del dinero del premio, si no de la posibilidad de comenzar bien una carrera que, además, conlleva en sí misma la vocación y el amor inculcado por una afición compartida por la gran mayoría de los peruanos.
Todos somos fanáticos, seguidores y finalmente críticos del fútbol peruano. ¿No es hora de exigir que se nos respete de la manera más evidente posible? Hagan bien las cosas, hemos esperado desde el 82 para volver a un mundial. Podemos esperar más, siempre que hagan lo que se debe y se dejen de tonterías que sólo nos distraen cada cuatro años para pensar que basta con un par de trucos de prestidigitador de fiesta ochentera en el Rancho para hacernos olvidar de la verdadera situación nacional.



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